A Flor la conocí por unos amigos. La loca (tiene 19 años) y es amiga de una amiga de la novia de un amigo mío (se entendió?). Nos presentaron en un BBQ, y al toque nos agradamos. A ella se ve que le gustaban los tipos más grandes que la trataran medio como una nena, y a mi me encantó su inocencia. Marcho perfecto.
Me encanto que sea tímida (se ponía colorada si le hacía un chiste medio fuerte), como bajaba la mirada cuando yo la miraba. Me encantó su cuerpecito delgado (tetillas chiquitas paraditas y unas algas igual), su pelo corto, los ojos grandes marrones y esa bocota divina. Una bebe hermosa.
La volví a ver una semana después en Apple de Plaza central y me le tire a lo crudo. “Me gustás!”, le dije. Ella se puso roja. “eres hermosa, me matan tus ojos, tu boca, y este culito…”, dije mientras le manoteaba una nalga que se quedó atrapada por mi mano que no la soltó. Ella levantó la vista y me miró a los ojos.
“En serio te gusta, no es muy chiquita?. “No, me encanta así, me la llevo como viene…”, le contesté sin soltarle el culo. Se río. La besé. “Hoy me la llevo para casa esta nalguita”, le dije y le bese la boca. Me dio varios besitos secos. “Es una niñaaaa!”, dije para mi con la voz de desencanto en la cabeza.
Cuando ya llevábamos media hora entre besos y charla, y el reloj acusaba las cinco de la mañana, apuré la cosa para ir a mi casa. Se puso toda colorada. “No puedo hacer nada, me llego ayer”.”No me importa nada”, le dije.
Era verdad, con la calentura que tenía me la quería meter hasta a una indigente o manchábamos las sábanas. De última un condón y el hotel eran la solución y listo. “No en serio, además no estoy depilada, soy un desastre”.
Lo de la depilación para ellas es cosa seria. Era obvio que con todo eso en contra era imposible que se diera, y más la primera vez. “Ok, te llamo en la semana y nos vemos”, le dije. A los 15 minutos se estaba yendo con sus amigas. Pero antes intercambiamos celulares.
La semana con el ajetreo del trabajo en la ferretería se pasó volando y ni mente le di. Pero el jueves me mandó un mensaje. “Ya está, se me fue”. No lo podía creer, la loca tenía doble personalidad. Y así era, de golpe le decías algo y se bloqueaba de la timidez, pero si la sabías llevar le sacabas lo que quisieras.
Esa noche la invité a comer, cenamos KFC y Cervezas. Las Millerscitas hicieron todo el trabajo y a la hora me la estaba dando. Antes me hice un festín con esas tetillas y me comí apasionadamente la parte (la más chiquita y apretada que prové en mi vida) hasta que se le mojó toda.
Después me la mate en cuanta posición se me ocurrió por casi media hora. Patitas al hombro, ella arriba, en cuatro, ella de abajo... No suelo tener problemas para aguantar pero esta vez se me complicó. Esa vagina cerrada me la exprimía de tal manera que tuve que parar varias veces (aprovechaba y cambiaba de posición y le pegaba otra lamida, degustando de paso ese culito en el que no cabía un alfiler).
Los testiculos se me fueron inflando y al final llené el capuchón del condón con una cantidad notable de semen. Cuando ví el volumen de la descarga me arrepentí de no haberle pintado la cara con esa leche. Hubiese quedado divina esa carita inocente bañada en mi pegote. Para la próxima pensé.
Después comimos helado y ella me despertó el pene con una lamiditas de su lengua congelada. La chupaba perfecto. No una profesional, pero me mataba que de vez en cuando me miraba. No era para provocar si no para ver si iba bien. Y a mi era mirada vidriosa, fruto de atragantarse con mi pene me puso loco.
Le hice lamerla sacando la lengua, y por primera vez según me dijo después, lamió un par de testículos. A tope el pene y se lo clavé otra vez tipo perrito. Por primera vez la oí gritar de placer y le seguí dando bien fuerte y a fondo hasta que acabó una vez más.
Cuando acabé yo, nos quedamos un rato abrazados. Ella me lleno de besos desde el pecho hasta la boca. Me dijo que nunca había acabado dos veces seguidas. Le pregunté qué experiencia tenía. Yo era el tercero, los otros eran dos pendejos. Uno de su edad el primero, el otro uno de 25 con el que había durado un par de meses. Había debutado hacía un año.
Y así fue que el mes siguiente nos empezamos a ver dos veces por semana. Generalmente venía a casa entre semana, ya que ella vivía con la vieja y dos hermanos (una de 14 y otro de 12).
Yo pagué el precio convirtiéndome en algo así como su novio, aunque tampoco me absorbía todo mi tiempo (aunque si bastante de mi leche, jajaja).
Y conocí a la familia. La hermana, Maru, con catorce era mucho más despierta y agrandada que Flor. El hermano, Bruno, un pendejo divertido fanático del skate. La vieja, separada del viejo que vive en Santiago y se volvió a casar, una hermosa y divina. Claudia, 42, la misma estatura que Flor pero más carnosa. Adicta al gym, culo durito de gimnasio y las tetas hechas.
Con el hermano y la vieja iba bien. Con la hermana menos. Pero estaba de novia con un loquito, Alan, y casi no estaba cuando iba al depto donde viven en Gazcue. Lo único, que le vieja empezó a insistir con que fuera a comer de vez en cuando, porque decía que si no Flor entre la uni, el gimnasio, y que de vez en cuando se iba a ver al viejo, no estaba nunca.
Una pequeña concesión, pensé, y accedí. Fui a comer dos veces un miércoles, y al final un domingo. Después del almuerzo y sobremesa Flor tiró que íbamos al cine a ver Shrek 4, y la vieja preguntó si ella y el hermanito se podían colar. Y fuimos los cuatro.
La peli medio aburrida y además traducida. Lo mejor de todo fue el comentario de la vieja cuando salíamos del cine: “la voz del gato parece de una porno !”. Yo me reí, y Flor también, aunque ella nunca había visto una porno.
“Te deschavaste Clau”, le dije. “Bueno, si!”, dijo ella, que se puso colorada y se mato también de la risa. “Es la voz de Antonio Banderas”, acotó el pequeño. “Debe haber trabajado en una porno entonces”, siguió la vieja tentada. Flor decía “mamá!”. Pero la vieja estaba muerta de la risa con el chiste de la porno y yo la seguía en chinchando.
Los invité a comer empanadas a la monumental. Con la mamá compartimos unas Millers. Y después fuimos para el depto de ellos en su auto. La vieja me invitó a tomar un café. “Café no, me saca el sueño y después doy vueltas en la cama hasta las cuatro”, dije. “Hay, pareces un tipo grande con ese comentario”, me dijo. “Té o wisky?”, ofreció. “Para el wisky no me da, vas a pensar que soy un borracho”, dije, “Nada que ver, yo te acompaño”. La vieja cada vez me caía mejor.
“Tu vieja es una dulzura”, le dije a Flor. “Le caes bien”, dijo contenta. La vieja volvió con la botella y dos vasos. Flor se hizo un té. El hermanito se fue a ver tele a su cuarto. De la otra hermana ni noticia. Seguro el novio de 17 se la estaba comiendo.
Seguimos de gran charla, hablando de economía y política, mientras salió otro wiscacho. Nosotros a todo tema (la vieja es abogada), pero Flor se dormía. “bey, no doy más, me voy a dormir”, dijo a la hora.
Ya eran las 12 y pico. “Uyy, si, perdón, me voy que mañana hay que madrugar”. “No negro, todo bien, quedáte charlando un rato más con mamá…Así le hacés el aguante hasta que llegue mi hermana. Me llamás mañana?”. Me dijo mientras me daba un piquito. Después rumbeó para el cuarto que compartía con la hermanita.
“Sorry, te jodi la noche…”, dijo la mamá al rato para cortar el silencio que se había dado. Estaba medio en ebria y era todavía más divertida. Se ve que le gustaba un montón el chupe y que se ponía medio pícara.
“Para nada, además me venía bien el descanso”, contesté en el mismo tono y con una sonrisa. “La verdad, por lo que se últimamente vienen a full ustedes dos”, tiró. Y yo me puse colorado y me quedé sin palabras.
“ Quédate tranquilo, yo no soy una madre antigua. Es más, me gusta que Flor salga contigo, ella es muy tímida, pero al lado tuyo se está soltando un montón”, dijo con tono maternal. “Yo trato de alentarla a que se suelte, y pruebe, la vida es para disfrutarla. Por suerte con los tres tengo buena relación y me cuentan todo. Yo soy súper abierta, saben que conmigo pueden hablar de sexo sin problemas. A la que le tengo que cortar un poco el vuelo es a Maru, la pequeña si fuera por ella ya hubiese tenido dos hijos, anda loquita con el novio. Pero la convencí de que esperara un poco más, por lo menos hasta los quince”.
“Yo si fuera tu la mato”, le dije. “No se puede, los chicos hoy crecen más rápido que en nuestra época”, me dijo. “Perdonáme que te compare conmigo pero estás más cerca de mi edad que la de Maru, jajajaja”, dijo riéndose mientras se mandaba otro sorbo de wisky.
“Ocho años nos llevamos no?”, pregunto sabiendo la respuesta. Asentí. “Con Maru son veinte entonces…”, dijo. “Podría ser el padre querés decir, ahora si me jodiste la noche, jajajaj”, me reí. Ella también. “Jajajaj, no está todo bien, te dije, me encanta que Flor salga contigo, le abres un montón la cabeza… bueno, y otras cosas también…”, dijo volviendo a su tono pícaro.
“Qué me querés decir?”, tiré medio haciéndome el tonto, y medio de curioso para ver cuánto sabía, o si quería sacarme info. “Te dije, Flor me cuenta todo”. “Qué te contó?”, pregunté dije abriendo los ojos y mirándola sorprendido.
“Todo, nene, todo…… por suerte tiene confianza y me vino a contar
“No puedo creer que tengan esa charla entre madre e hija, eres lo más bien, la tienes bien clara”, le dije. “Gracias….Bah, es lo menos que me puedes decir, te la regalé, jajaja”. “Después de esto te debo un regalo grande”, le contesté.
Se rió. “Bueno, por suerte tenía razón, y tu te portaste bien…”, dijo tirando un pie. Yo me subí a esa para ver a dónde iba. “Si tenías razón, le terminó gustando, pero supongo que sabías que iba a ser así, de tal palo tal astilla”, retruqué. La idea de que a la madre les gustaba lo mismo hacía unos minutos que me rondaba la cabeza.
“Bueno, tampoco es que soy una adicta al sexo , jajajaj”, tiro la vieja que estaba relajadísima por el alcohol. “Y a que eres adicta?”, dije con tono juguetón. “No se, un poco de todo”, contestó. Silencio de unos segundos que llené tirando una jugada: “No se porqué pero me imagino que debés ser muy exrema”.
A mi el alcohol y la calentura me habían deschavetado mal. Me miró sorprendida, pero al ver mi sonrisa pícara se relajó. “Bueeeeennnnno, ya me perdiste todo el respeto!”, dijo jodiendo. “Está bien, la culpa es mía por sacar ésta charla”, agregó.
“Perdón, estoy medio borracho y no se lo que digo”. “Me fui a la mierda”, dije después. “Esta todo bien Max, prefiero que me hables así y no de usted como al principio, parecías un niño…”. “Niño seguro que no soy, ya lo dijiste tu, estoy más cerca de ti que de Flor”. “Pero es inevitable, para mi eres un niño”, dijo provocándome y haciéndose la superada.
Así que la corrí un poco más. “No me digas que nunca te comiste un niño tu…”. “No. En general siempre fueron más grandes. El papá de flor me llevaba diez años. Se ve que de ahí viene…”, me dijo devolviéndomela. “Nunca entonces? Me dijo Flor que te gustaba tu profe del gimnasio”, le dije tirando una que me había contado Flor alguna vez.
“Pero no cuenta, tiene 38”, dijo. “Te lo comiste?”, insistí. “No, pero como vengo de calentona me parece que en cualquier momento…”, dijo otra vez en joda pero provocando. “Hace mucho que no?”, indagué. “Seis meses, ya se siente mal…”, dijo. Me gustaba que hablaba como una mujer más joven. Super caliente la veterana.
Y yo para entonces ya la veía como un objetivo. “Bueno, si no se te da con el profe ya sabés”, dije redoblando la apuesta a ver que decía. “Mmmm, no se, con lo sequito que te deja mi hija no creo que te de el cuero…”, retrucó. A la doñita de puta le gustaba tener la última palabra. Típico de abogado. Pero a mi en vez de calmarme me puso loco.
Me paré y me le fui al lado. Me miró sorprendida. “Entonces aprovecha ahora que vengo bien cargadito”, tiré pudriendo la cosa. Para colmo estaba caliente y se notaba. Y la muy puta se dio cuenta y me miró el pene que se marcaba inflando el bolsillo del jean. Me le fui al humo y agarrándole la cara le metí un beso que ella contestó chupándome la lengua. Vieja puta pensé, y el pene me pegó un saltito más en el pantalón despegándose del cuerpo e inflando más la carpa.
“No, no, no, no puedo ser tan hija de puta”, dijo cortando el beso de golpe y después de haberme transado ella a mi durante un minuto. A los 40 o a los 20 son todas un cachito histéricas. Aunque acá había motivos reales para poner un freno.
Pero estaba claro que ella también estaba agitada. “Ayy, cómo me calentaste pendejo!”, me dijo a la cara. “Tu también, mira como me pusiste”, le dije para motivarla. Estaba claro que verme el bulto la calentaba. Me la agarro por encima del jean. “Que buena que está”, dijo.
“Más te va a gustar cuando la tengas adentro”, le contesté. Ella me la frotó un cacho admirando la dureza de mi trozo. Pero depués la soltó y se pasó las manos por el pelo como acomodándose. Exhaló y trató de calmarse. Yo quise agarrarla de nuevo pero me frenó. “No, no puedo… basta, basta, paremos acá”, dijo. Y supe que tenía que bajar un cambio. Le pedí disculpas pero me dijo que estaba todo bien. Yo me despedí con un beso en la mejilla. Y me fui.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada